lunes, 18 de enero de 2010

Una tarde gris de libertad

Son las siete de la tarde de un lunes aburrido. Después de muchas horas de letargo, he salido a la calle en busca de una imagen que valga la pena inmortalizar, en busca de una sensación que me lleve feliz de vuelta a casa.

Las luces de las farolas ya empiezan a encenderse, está próxima la noche, el frío ya acecha aunque no ataca todavía, y las nubes, que cubren el cielo y le dan este tono gris, apagado, de la tristeza, hacen el intento de pronunciar unos quejidos que desemboquen en lluvia, pero entre ellas hay un hueco que deja ver la noche inminente y el brillo de una estrella en la lejanía, el mero detalle de un resplandor que me hace recuperar la esperanza.

Ando con una parsimonia impropia de mi naturaleza, como si me arrastrase la brisa marina por el paseo y a lo lejos los pájaros me mostrasen el camino con su canto. Hay silencio, tranquilidad, hay paz donde nunca antes la hubiese encontrado: en las pistas junto a las que acabo de pasar, cuatro niños juegan al tenis de dos en dos; una pareja de quinceañeros pasean acompañados de un dálmata que se acerca a mí y me lame las manos; un anciano vestido de chándal recorre el paseo y se cruza con un ciclista cuyo casco, azul celeste como el cielo cuando enseña su sonrisa, resplandece en la oscuridad al contacto con las farolas. Yo recorro solitario el paseo marítimo hasta llegar a una casa; utilizo mi llave y entro a hacer una visita. Hola, dos besos, qué tal, bien, y tú, igual, qué miras, una película de fantasmas, yo la vi hace años, genial, qué es de tu vida, intento vivirla, yo quiero hacer un viaje, yo quiero sonreír. Tras veinte minutos de visita y conversación, regreso a la calle y emprendo el camino de vuelta.

El mundo ha cambiado: ya no hay gente que camina, parejas que se besan, perros que corretean por el parque, niños deportistas; ya la calle está vacía y sólo han pasado veinte minutos. Sólo el ruido de un coche al pasar junto a mí, más la bocina del conductor al saludarme, llenan el vacío que queda de esta tarde. Envuelto en mis pensamientos, tarareo una melodía que quizá emborrone en papel esta noche, mientras recorro el suelo rosado y vuelvo la mirada al viento para no despeinarme más de lo que estoy.

Al llegar a casa, saco una taza, la lleno de leche y la meto en el microondas en tanto que me quito la chaqueta y la dejo sobre el sofá. Ping, me dice el aparato: yo atiendo su llamada y vuelco dos cucharadas de café vienés sobre el líquido caliente, una cucharada de azúcar y remuevo el manjar hasta que adquiere un color exquisito y me complace con su olor. Subo a mi habitación, la chaqueta al hombro y la taza en la mano, enciendo la luz, coloco la chaqueta en la percha y me siento a disfrutar del café. Leo un libro, me río, disfruto del silencio y la tenue luz del anochecer en mi alcoba, una tranquilidad interrumpida a veces por los gritos de los vecinos y las malditas tertulias rosas de la televisión, y al mismo tiempo pego sorbos discretos de la taza: una página, un sorbo, otra página, otro sorbo. Las pepitas de chocolate acarician mi lengua y me calientan la garganta.

Apuro el café al acabar el capítulo, respiro hondo y termino de sumergirme en el libro para pasar una hora entrañable. Es una tarde gris de libertad: la soledad ha sido mi más fiel compañera y yo con creces se lo he agradecido. «Soledad, que te pegas a mi alma en la dulce soledad de este campo…» de invierno. La hermosa soledad, morena y presumida, con sus abrazos y silencio ha amenizado mi viaje, me ha servido de sombra. El momento ha quedado inmortalizado, he regresado feliz a mi hogar y me doy con un canto en los dientes por saber que sigo vivo.

18 comentarios:

Isabel Martínez dijo...

Para mí, que tuviste una hermosa tarde de lunes.
En soledad, es cuando accedemos a nosotros mismos y a lo que ansía nuestra alma.
Tu soledad ha hablado en este texto realmente precioso.
Un cariñoso abrazo.

Jorge Andreu dijo...

Mil gracias, Isabel. Pensé que se tomarían este texto como divagaciones sin sentido. Realmente, la soledad me acompañó durante la tarde de ayer, gris y libre. Hacía tiempo que no me permitía a mí mismo un paseo así de placentero y luego el disfrute de un café con un libro al lado. He rejuvenecido unos años en una tarde.

Otro abrazo para ti.

Culturajos dijo...

Bonita entrada compañero, llena de imágenes, de soledad. ¿por qué le tenemos tanto miedo? la soledad en su dosis justa puede ser un gran aliciente de vida, una ocasión para hacer las paces con el mundo.
Me ha gustado mucho, y gran detalle citar al gran "Chinato" en tu entrada.
Seguímos en el camino compañero.
Un gran abrazo.
Fumador

Jorge Andreu dijo...

Compañero del alma, compañero, sabes, tan bien como yo, que Manolo ha dado vida no sólo a textos como éste, sino a muchísima gente. Es un gran poeta y no me cabe ninguna duda que una persona con quien se podría compartir una barra y horas de cervezas.

Me alegra mucho verte por aquí. ¿Sabes por qué tenemos miedo a la soledad? Quizás porque nunca la hemos conocido a fondo. Yo creo que cuando uno está solo es capaz de encontrarse a sí mismo. Y aunque a veces haga falta la compañía de un amigo o una pareja, en ocasiones es mejor estar solo y poder pensar. Como escribió Miguel Hernández, poeta al que seguro que admiras, "yo nada más soy yo cuando estoy solo" (perdón por tantas citas).

Un fuerte abrazo, amigo mío. Sigue conmigo la estela, ojalá así lleguemos a buen puerto.

William Tea dijo...

Señor Andreu, le comunico que me quedaré por aquí un tiempo... hasta que pueda leer todo lo que dejé atrás antes de saber siquiera que estaba ahí, y aún cuando me encuentre a la espera de nuevas lecturas.

Jorge Andreu dijo...

Eternamente agradecido, Mr. William. Pensaba que sí conocías este rincón del mundo, pero en ese caso, bienvenido seas.

Un abrazo

mariajesusparadela dijo...

También yo vendré con frecuencia a visitarte, si tu me lo permites.

Jorge Andreu dijo...

María Jesús, te doy mi mejor bienvenida. Ojalá que me sigas a diario. ¿Cómo llegaste hasta aquí?

ColoresClaros dijo...

Jorge...
Me encanta la entrada.
A partir de ahora te visitaré, yo publico poco, por no decir nada, pero vendré a leerte.

Un saluuudito.

Eva Te.

inés dijo...

Quisiera haberte dicho esto de un modo más privado, pero el blog es un nazi y si yo no tengo cuenta, no te puedo escribir para que sólo tú lo leas.
He leído a vuelapluma de pé a pá...y no me lo puedo creer...¿De verdad has escrito tú eso? ¿He estado sentada un par de días al lado de un Poeta sin saberlo?
Me has emocionado como hace tiempo que no me ocurría, tengo lágrimas en los ojos y no son de alergia, son de admiración y cariño, estoy verdaderamente impresionada.

Jorge Andreu dijo...

Querida Eva:

No sabes la alegría que me acabo de llevar cuando he visto tu firma en mi blog. No lo esperaba ni por asomo, ni siquiera pensaba que estarías dispuesta a leerme. Me ha encantado ver tu presencia aquí tanto como a ti mi entrada. Enseguida me inscribiré como seguidor en tu blog y leeré cuanto publiques.

Un fuerte abrazo.

Jorge Andreu dijo...

Inés, cuando nos veamos -supongo que en el examen de Géneros Narrativos-, permíteme que te dé un abrazo por lo que acabas de escribirme. A mí sí que me has sacado las lágrimas. Ojalá te vea más a menudo y tengamos la oportunidad de hablarnos cara a cara: he estado sentado durante varias clases junto a una persona llena de sensibilidad y no sólo no me había dado cuenta, sino que fui tonto al no intentar sacar unas palabras de esa tu voz.

Un beso muy grande, y gracias por leer mi libro. Te gustará saber que hay otro publicado.

PD: Por cierto, he borrado uno de tus comentarios porque estaba repetido. Aunque no me hubiera hecho ningún mal leer el mismo elogio dos veces.

José Daniel Coronil Martínez dijo...

Como siempre genial, me encanta como escribes. Una tarde muy agradable que de vez en cuando es un verdadero placer tener.

Saludos.

Jorge Andreu dijo...

Ya te digo, Dani, y cuánto echaba de menos un momento así. Hay pocos en mi vida, y cuando los hay, conviene exprimierlos hasta el último jugo.

Un fuerte abrazo, amigo mío.

Eva dijo...

Sencillo pero bonito a la vez.
Intentaré seguirte más a menudo. Siento ser así.
Un beso.

Jorge Andreu dijo...

Otro beso para ti. Yo me encargaré de que me sigas, como he hecho hasta ahora, sin ningún problema :)

nykaa dijo...

Corté.Se acabó.3años al fin...espero que me entiendas...
Besos

Jorge Andreu dijo...

Chica, esto podías habermelo dicho en privado, pero bueno: si tú lo has decidido y estabas segura, pues adelante. Te mando un abrazo fuerte, Nyka.