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viernes, 26 de octubre de 2012

Jaume Balagueró - Mientras duermes (2011)

Mientras duermes, la última película de Jaume Balagueró toca en la fibra de muchas personas, todas aquellas que en su infancia han sentido el miedo de que alguien entrara en sus vidas durante su descanso. Los monstruos no existen, decían nuestros padres, los fantasmas no vienen a esta casa: pero sí existen los psicópatas. En esta historia Luis Tosar encarna a uno de ellos que tiene la obsesión de borrar la sonrisa de las personas felices.

César, el portero de un edificio de vecinos, parece una persona normal que cumple con su deber y se retrasa de vez en cuando en llegar al trabajo. Ninguno de los vecinos está insatisfecho con sus servicios, pero no conocen lo que ese personaje esconde tras la fachada, y es que César está obsesionado con la tristeza y, al sentirse incapaz de ser feliz, intenta que los demás se vuelvan de su condición. Para ello ataca por donde más duele: en este caso la nueva vecina, una muchacha risueña que afronta la vida con optimismo, espera el regreso de su pareja tras seis meses de trabajo fuera de casa, sin saber que por las noches César duerme a su lado y va a convertir su vida en un infierno. La situación se dispara cuando llega su novio y descubre que algo extraño sucede en la casa. Pero el conserje no parece dispuesto a abandonar su objetivo.

Por encima de todo, lo que más destaca es la actuación de Luis Tosar, gracias a la cual la atmósfera cobra ese aire de incertidumbre necesario para el desarrollo de los acontecimientos. El contrapunto a la frialdad de este personaje lo forman Clara (Marta Etura) con su derroche de simpatía por el portal, la señora Verónica (Petra Martínez), solterona que debe la alegría a sus perritos, Úrsula (Iris Almeida), una niña que chantajea al portero porque ha descubierto sus planes, y Marcos (Alberto San Juan), que sospecha del comportamiento de su pareja y del conserje. 

La estructura de la película es sencilla pero eficaz. Con un motivo que envuelve toda la historia —el amago de suicidio de César mientras oye el recuerdo de un programa radiofónico—, la narración se articula en base a una semana de trabajo furtivo del protagonista en casa de Clara mientras ella duerme, como si tomase carrerilla, para a partir de esa exposición lanzarse en picado en el desarrollo de los acontecimientos más importantes, situados en puntos estratégicos con suaves intervalos de suspense. 

El resultado de este montaje es como un grito ahogado: el espectador permanece inquieto hasta la última secuencia desde que la narración lo atrapara una vez presentados los presupuestos de la historia. Una obra digna de nada menos que seis premios Gaudí y una nominación al Goya al mejor actor (Luis Tosar).