martes, 4 de mayo de 2010

Clavel, amigo del hombre

Tengo un clavel sobre la mesa.
Me mira, cansado y atónito,
como si buscara un motivo,
tan sólo uno, para el rojo
de sus pétalos amar, para
no pensar en mí con enojo.
Yo suspiro al verlo ante mí,
discreto aún ante mis ojos,
y es tan claro como una vida
su pétalo caído. Sólo
busco el placer de demostrarte
-------------—le digo— todo:
estás aquí por tus colores,
desde tu llegada no lloro.

Llegaste a mí aquella mañana
brillante y roja cuyo soplo
de calor trastocado, sucio,
me condujo a tu lado, al fondo
de un viejo jardín. De la lluvia
anterior naciste.
-------------------Te toco
con suave caricia los pétalos,
intento animarte, lo logro
y viertes tu lágrima gris
sobre ese tallo verde y roto.
Yo siento en el fondo del agua
cien ondas de un giro sonoro.

Regreso al presente: tú vives
cansado del mundo, de todo,
casi igual que tu amigo, que este
mortal infeliz. De algún modo
teníamos que parecernos.
Por eso, clavel, yo te adoro.

Por eso te agradezco los esfuerzos
por hacerme saber que no estoy solo.


Jorge Andreu
30 de abril de 2010

12 comentarios:

gadi dijo...

Incluso lo más pequeño puede hacernos compañía en los momentos de soledad, y tu poema lo plasma muy bien. Me ha gustado.

PD: O vienes del futuro o tienes mal la fecha del poema ;)

Jorge Andreu dijo...

¿Y yo por qué he puesto de Septiembre si lo escribí el viernes? Jaja. Ahora lo cambio.

Me alegro de que te haya gustado. Es el clavel que me dieron por comprar mi Anna Karénina, a la que bien sabes que tengo ganas de tomar entre mis manos. Gracias por tu comentario, amigo mío.

Un abrazo.

Jorge Andreu

mariajesusparadela dijo...

Aunque no tuvieras el claver, tu NUNCA estarías solo.

Jorge Andreu dijo...

Gracias, María Jesús. Me alegra sentir vuestra compañía, sobre todo de gente tan lejana geográficamente.

Un beso.

Jorge Andreu

Eva dijo...

Mmm...reconócelo, no era un clavel exactamente =P

Jorge Andreu dijo...

Vaale, era un capullo. Pero me lo regalaron como clavel. Me dieron el más feo... Pero como dice Victor Hugo en Nuestra Señora de París: "las madres aman con frecuencia más a los hijos que las han hecho sufrir más". Espero que te haya gustado el poema.

Un beso.

Jorge Andreu

Darilea dijo...

La soledad es tan compañera nuestra que hasta un clavel podemos llamar amigo.
:-) No estaría mal sentirse abrigado por sus pétalos :-) Besitos

Jorge Andreu dijo...

En efecto, abrigado me siento entre sus pétalos, aunque empiezan a marchitarse. Sufro al ver cómo resiste en pie. Algún día yo también tendré que soportar ese peso sobre mi espalda, y entonces veré si me arqueo o soy capaz de caminar erguido.

Gracias por dejar tu huella aquí, Darilea. Un placer contar con tu poesía.

Jorge Andreu

mi primo y yo dijo...

Hola Jorge,

cántale algo a ese clavel, hombre, verás que se anima.

Vuelvo a felicitarte por tu buen hacer en este poema.

Nos vemos, nos leemos.

Un abrazo

Juan Manuel

Jorge Andreu dijo...

Qué alegría me das, Juanma, con tu primer comentario en este blog. Sobre todo ahora que veo marchitarse el clavel tan cerca de mí. Lo mantendré conmigo hasta el final. Le canto todas las tardes o le recito un poema para que me susurre su opinión al oído. Es tan entrañable, que no pienso qué será de mí cuando no exista.

Gracias por tu visita, amigo mío.

Un abrazo.

Jorge Andreu

Mª Teresa Sánchez Martín dijo...

Cuídalo. Dale tu cariño hasta el último de sus días porque sanó tu soledad. Cuando él no esté te refugiarás en los versos que de él brotaron.

Jorge Andreu dijo...

Ahora me refugio en esos versos, Teresa. Está marchito y gris, pero guardo un buen recuerdo de mi amigo.

Un abrazo.

Jorge Andreu