domingo, 11 de noviembre de 2012

Vicente Blasco Ibáñez - Mare nostrum

En mi opinión, las novelas de Vicente Blasco Ibáñez tienen los ingredientes necesarios para deleitar: una acción que abre interrogantes conforme avanza, para resolverlos en el último momento; una serie de personajes con una función muy clara según una simbología determinada; una narración detallista con precisión y grandes contrastes de colores; una estructura cerrada en cuanto a la composición de los episodios y la relación existente entre ellos. El ciclo de las novelas sobre la Gran Guerra, formado por Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Mare nostrum y Los enemigos de la mujer, más una serie de cuentos publicados en fechas cercanas, constituye, a su vez, un amplio proyecto narrativo mediante el cual Blasco trató de reflejar los diferentes puntos de vista sobre un problema común: la situación del ser humano en niveles extremos de presión como el de la guerra. La novela que he escogido para esta ocasión habla del centro del conflicto, aunque lo trata desde un punto de vista externo que es el del mar. 

Mare nostrum es, pues, la historia de la Primera Guerra Mundial desde las trincheras de las olas, el terreno por el que se mueven las peores armas de destrucción alemanas: los submarinos. La travesía del capitán Ulises Ferragut y sus relaciones amorosas con una femme fatale sirven al autor para trazar una historia ficticia al mismo tiempo que critica los hechos reales a los que alude.

Desde su niñez, Ulises Ferragut sintió una admiración extraordinaria por el paisaje marino, gracias en gran parte a las explicaciones de su tío el Tritón, que le contaba con todo lujo de detalles cómo había transcurrido la existencia del Mediterráneo, un mar gobernado por los dioses y disputado por seres mitológicos, principio y fin de todas las vidas. Por eso, pese al empeño de su padre por convertirlo en notario y al de su madre por hacer del chico un hombre religioso, con sólo dieciocho años el capitán Ferragut se embarcará en su buque, llamado Mare nostrum en honor a su tío y al mar del que según él todos proceden, y a bordo de la nave emprenderá un camino de conocimiento que lo conducirá, como por obra del azar, hacia Freya, una joven bellísima que muy pronto lo engatusa con su extraño comportamiento. Las aventuras y desventuras del capitán desde ese momento tomarán un giro a consecuencia de su «pecado», un giro similar al que sucede en el mundo real donde los alemanes han empezado a hacer uso de los submarinos para bombardear las flotas francesas. 

Como sucedió con los Jinetes..., Blasco imprime una opinión muy marcada contra los alemanes. Si en la primera de las tres novelas los franceses eran claramente superiores a los alemanes en inteligencia, ahora son víctimas de la brutalidad de los alemanes, de la barbarie que representan, de la malicia con la que torpedean a sus enemigos. Pero al mismo tiempo el autor aprovecha la oportunidad que su país le brinda para criticarlo, puesto que en la misma obra se aprecia la ironía en el comportamiento de algunos españoles que dicen ser neutrales y, sin embargo, muestran preferencia hacia uno de los dos bandos. Incluso el propio capitán Ulises Ferragut es uno de esos españoles que, por venganza, deja de ser neutral como fuera en un principio para luchar contra el bando alemán. De esto se deduce el mensaje aliadófilo de la novela, a favor de los franceses como se declaraba el autor.

No obstante, si la leemos sin tener en cuenta las opiniones políticas, encontraremos, además, una prosa que obliga a detenerse en algunas páginas dada su belleza; otras veces tendremos pasajes llenos de erudición sobre oceanografía, también muy interesantes por cuanto esconden de relativo al desarrollo de la guerra; y por supuesto, un último capítulo impresionante, de los que dejan extasiado tras cerrar el libro, como sucede en los seis o siete que he leído de Blasco Ibáñez. En suma, una novela muy recomendable por muchos motivos, y en consecuencia, para muchos lectores diferentes.