martes, 12 de junio de 2012

Crónica de la entrega de premios María Agustina 2012

Al cruzar el umbral del instituto San Juan Bosco y ver grietas de un palmo de ancho en las paredes, no pude evitar un escalofrío parecido a los dolores de estómago de mi amigo Marcel, porque aquello debió de ser terrible, la agitación de las paredes como si la tierra las empujase de un lado a otro con impaciencia de destrucción. Una profesora nos explicó que las imágenes de la televisión ni se aproximaban a los sucesos reales de hace trece meses. La conversación derivaba de tema en tema, con el hilo conductor del seísmo, hasta que llegaron poco a poco los otros ganadores del certamen.

La primera era una chica cuyos padres venían con el orgullo pintado en los gestos. Había recibido la misma llamada que yo, aunque su nombramiento correspondía al segundo de relato. Un cuento sobre cómo se caen los cimientos de una casa abatida por una higuera, con una sensibilidad y una precisión elogiables. Isabel, la profesora que tantas preguntas mías recibiera en llamadas previas, nos presentó y desde entonces, como dos compañeros que se conocen el primer día de clase, cambiamos unas palabras acerca de nuestros orígenes y circunstancias geográficas, el kilometraje y las horas de trabajo sobre ruedas que ambos habíamos emprendido desde diferentes puntos de la península para terminar reunidos en un solo rincón. El segundo en llegar fue un joven de camisa ceñida y voz redonda, que había hecho con su pareja una travesía de mil kilómetros en dos etapas. A este joven correspondía el primer premio de narrativa por un relato sobre siete payasos que juegan al poker mientras esperan para amenizar una comunión, una idea fabulosa que invita a reflexionar sobre el humor y el juego, con un estilo cercano a Bolaño, escritor por el que según me confiara más tarde profesaba cierta admiración. Por último, un jovencito vestido de negro llegó junto con otro muchacho y recibió la bienvenida de los profesores, que empezaban a impacientarse con su retraso. Era un poeta de porte serio que había escrito un poemario de ida con una dedicatoria estremecedora al corazón de su ciudad.

La prensa nos esperaba en el salón donde iba a celebrarse el acto, y nos hizo subir al estrado para sacar la foto que a la mañana siguiente saldría en el periódico. En ese momento el poeta se me presentó como Chema, me estrechó la mano y por fin ocupamos nuestros asientos entre el público para dar comienzo al evento.

Tras las presentaciones pertinentes y la lectura del acta, nos llamaron uno a uno para hacer entrega oficial del diploma. El escritor Emilio Calderón, presidente del jurado, nos dedicó unas palabras sobre el oficio de escribir como una carrera de fondo, y por fin llegó el momento de los discursos. Durante mi intervención utilicé versos de mis poetas y una imagen muy especial de Proust como pretextos para contar mis impresiones del día en que recibí la noticia, y siguiendo el consejo de un buen amigo, utilicé el piano para ilustrar la estructura de la obra premiada. Tras una ovación mayor de lo que esperaba, cedí el turno a Andrés, que hizo una reflexión sobre la escritura de relatos con mucha templanza y gran acierto. Luego Chema desplegó encanto y sinceridad al hablar de sus poemas y de la poesía como una sensación indefinible que hace levantarse a una persona a las tres de la madrugada, acosado por las sílabas de un verso, y no dejó de citar de memoria a Fernando Pessoa. Por último, Alba sacó de la redacción hecha durante su viaje unas hermosas palabras sobre cómo crecen las flores -o las palabras- en un tallo -folio- por regar. Cerraron la velada varias actuaciones de los alumnos del instituto, con un coro, una dulce cantante con su piano y un dúo de bailarinas.

Terminado el acto, me encontré con una buena amiga a la que muchos conocéis: Isabel, del blog El cobijo de una desalmada, que me emocionó muchísimo con un abrazo porque, aun a sabiendas de que tenía la intención de asistir a la entrega de premios, no la conocía en persona y fue un placer encontrarla allí. Venía con su marido, encantador como ella, y compartieron con mi padre dos horas de conversación mientras yo me debatía entre las firmas y los pocos botellines de cerveza que llegaron a mis manos.

Durante el ágape de despedida, firmamos libros, recibimos felicitaciones, sacamos fotos e intercambiamos  direcciones de correo electrónico. He de decir que no esperaba tan buena acogida por parte del público, porque apenas pude beber cervezas y comer un par de pinchos de tortilla de tanto firmar y hablar con la gente. Sólo me queda agradecer a la organización todos sus servicios y el encanto de cada uno de los miembros, porque fue una velada inolvidable y repetiría con gusto la experiencia. Aquí os dejo algunas fotos de recuerdo:

(Con Adoración, la portavoz del jurado, que me comunicó la noticia)


(Con Isabel Leonor, la profesora que solucionó todas mis dudas)

(Firmando ejemplares)



7 comentarios:

Saramaga dijo...

Vaya! Estuviste por mi tierra!!! Enhorabuena! Se nota que pasaste una bonita velada.
Un beso!

Jorge Andreu dijo...

No sabía que fueses de allí! La verdad es que lo pasé muy bien y conocí a mucha gente encantadora. Me alegro de haber vivido esa experiencia.

Un beso

Jorge Andreu

Saramaga dijo...

Bueno, vivo dos pueblos más arriba.. jeje, pero cerquita de Lorca. Es que los murcianos somos muy hospitalarios.. jeje
Muack!

Isabel Martínez Barquero dijo...

Muy buena crónica, Jorge. Sólo sobra una foto, esa en la que estás conmigo (dios, qué viejota estoy), ya que te desluzco, jajaja.
Refrendo todo lo que dices: fue un acto entrañable y lo pasamos todos muy bien.
Un besazo para ti y recuerdos para tu padre.

Jorge Andreu dijo...

Isabel, nuestra foto está estupenda! No podía dejar de ponerla porque fue un momento muy especial. Lo pasamos muy bien y me alegré mucho de conocerte, y sobre todo de reconocerte cuando te acercaste. Ojalá nos veamos en otra ocasión parecida.

Un fuerte abrazo, le daré recuerdos a mi padre.

Jorge Andreu

Jesús dijo...

Jorge, de nuevo, ¡felicidades! Muchísimas gracias por compartir en el blog la crónica de aquel evento tan significativo para ti. ¡Un abrazo, amigo!

Jorge Andreu dijo...

Gracias, Jesús. Para mí es un placer compartir ese recuerdo porque la velada fue inolvidable y veía a la gente entregada. Ojalá tenga ocasión de repetir algo parecido.

Un fuerte abrazo

Jorge Andreu