domingo, 28 de octubre de 2012

Ricardo Menéndez Salmón - Medusa

Admiro a los escritores que hacen del pensamiento un motivo de ocio, que conceden un lugar especial a la reflexión dentro de una historia sin excederse en digresiones ni pedanterías. Ese es Ricardo Menéndez Salmón, un autor que en 150 páginas abre tantas preguntas en base tanto al significado de las palabras como al de la narración, que uno tiene la certeza de que encontrará nuevos interrogantes cada vez que emprenda una lectura de una misma novela. Medusa —la última del novelista y filósofo gijonés—, es la historia de un individuo marcado por la maldad del ser humano, sólo vencible por medio del arte, un océano en el que se perdió como una gota de agua hasta un hallazgo fortuito.

Todo comienza cuando el narrador encuentra por casualidad, mientras busca información sobre la iconografía de la maldad en el siglo XX, una película en cuyo final aparecen las palabras «Prohaska me fecit». Desde ese momento, el doctorando se convierte en autor de un ensayo biográfico sobre Karl Gustav Friedrich Prohaska, extraño personaje que desde su niñez se enamora de las imágenes y se labra una trayectoria desconocida como pintor, fotógrafo y cineasta del horror. Alemán nacido el 24 de diciembre de 1914, Prohaska pertenece a una familia donde el amor es un sentimiento desconocido y a cuyos miembros asola la desgracia. El que será biógrafo del artista, Stelenski, dirá siempre de él que era un muchacho difícil, obsesionado con la invisibilidad y con que lo único que perdura del hombre es el arte. 

De esta manera, gracias al testimonio de su biógrafo oficial y de la interpretación de sus obras, el autor-narrador de este ensayo elabora un periplo a caballo entre la imaginación y la comprobación de datos específicos para dignificar la figura de un artista que vivió los peores momentos del siglo XX. El horror jugará un rol muy importante en esta investigación, porque para Prohaska, que lo ha visto por dondequiera que iba, es «el único combustible que jamás se agota, la materia viva más y mejor repartida en el universo».

Con una prosa limpia, un estilo directo, sin perderse en los recovecos del alma humana pero proponiendo, no obstante, multitud de puertas que atravesar para llegar a lo desconocido —a la maldad del ser humano, expresada por Prohaska en sus creaciones mayores—, Menéndez Salmón nos ofrece un retrato universal de una sola persona: el artista que de verdad ha sufrido las desgracias del mundo. Componen esta narración ensayística una serie de reflexiones en relación con la vida y la obra de este genio oculto en la sombra que pasará a formar parte de nuestra conciencia. Ricardo Menéndez Salmón sabe llegar hasta el fondo de una verdad inmutable —la pervivencia de lo artístico— desde esa mentira deliciosa que es el novelar. Una obra digna de uno de los mejores novelistas de los últimos tiempos.

2 comentarios:

Carmen dijo...

De este autor solo leí La ofensa, que me pareció una estupenda, y compleja, novela. Esta que nos traes hoy me la leeré también, claro.
Besines,

Jorge Andreu dijo...

Si has leído una de sus novelas y te ha gustado, seguro que esta también te gustará. Seguro que es de los autores cuya obra puedes leer al azar porque cada libro esconde una maravilla. Gracias por comentar.

Besos

Jorge Andreu