domingo, 21 de abril de 2013

Rafael Reig - Lo que no está escrito

La última novela de Rafael Reig es una historia de intriga con elementos de novela negra y al mismo tiempo un análisis del procedimiento de creación y recepción de una obra literaria. El lector se sumergirá en unas páginas de admirable agilidad narrativa donde la crudeza del lenguaje y de los acontecimientos cobra una suerte de magia que inexplicablemente conecta varios mundos a caballo entre la ficción y la realidad.

El argumento de Lo que no está escrito (Tusquets, 2012) es materia diríase que simple: un padre separado de su mujer recoge al hijo que tienen en común para llevárselo de acampada durante un fin de semana. El escritor Carlos Mendoza es el padre de un adolescente de catorce años llamado Jorge, que desde la separación se ha convertido en un niño mimado por su madre. Carmen permite a regañadientes que su ex marido se lleve al chico y a su vez acepta leer, sin compromiso, el manuscrito de una novela que Carlos acaba de terminar. Es en esa novela donde Carmen descubre, o cree descubrir, las intenciones ocultas de su ex marido a partir de una serie de coincidencias entre los personajes de ficción y las personas que formaron el mundo de su nefasto matrimonio.

La riqueza de su narración radica en la estructura: se articula sobre un triángulo compuesto por lo que Carmen lee, lo que la inquieta y lo que en realidad sucede entre Jorge y Carlos. Carmen se enfrenta a un manuscrito inédito que cuenta el secuestro de una muchacha por parte de una serie de matones con el objeto de pedir un rescate, argumento en el que Carmen, alarmada, se reconoce a sí misma, a su ex marido y a la actual pareja de su ex marido. Por eso se debate entre tomar la novela como algo ficticio basado en la realidad, ya que todo escritor se basa en elementos reales para construir sus historias, y buscar en el sentido de la novela una amenaza de Carlos hacia ella o, peor aún, una declaración de intenciones para con su hijo. Su inquietud le impide abandonar la lectura y se ve obligada a seguir y seguir en busca de una respuesta. Sin embargo, lo que Carmen lee no es el texto, sino «lo que no está escrito», es decir, lo que subyace al texto y que sólo ella se imagina porque conoce al autor. Por otra parte, las vivencias de Carlos y su hijo Jorge en la montaña son producto de una falta de atención que ha traído consecuencias en el carácter del niño y que conduce lo que iba a ser una excursión de fin de semana hacia una pelea entre un adolescente y un padre al que ve como enemigo.

Me interesa mucho destacar el valor que tiene el fondo de la prosa en novelas como esta. A menudo sentía que no iba a salir contento de su lectura, y sin embargo, había algo mágico en cada capítulo que incitaba a no abandonar la novela. Igual que le sucede a Carmen con el manuscrito de su ex marido. La reflexión que hay implícita en este libro sobre el hecho mismo de crear una obra y entregarla a un destinatario, sobre cómo el autor articula su composición y cómo el lector recibe el resultado, me parece lo más interesante de este puzle de poquísimos personajes pero lleno de significado. Los pensamientos de Carlos, arrepentido de tantas cosas y con el remordimiento de saber que ya no puede volver atrás en su conducta; el miedo de Jorge al estar junto a su padre, que ahora no es más que un extraño a quien teme; y por último, la inquietud de Carmen por lo que pueda pasarle por la cabeza a su ex marido: he aquí los tres vértices de un triángulo equilátero con rasgos de dura actualidad, que hace de Lo que no está escrito una novela recomendable para detenernos a pensar en los problemas que tienen los hijos de padres separados.