sábado, 21 de septiembre de 2013

Juan Bonilla - Cansados de estar muertos

Hasta a las personas más solitarias del mundo, esas que parecen no necesitar la ayuda de nadie, les viene bien una confesión. Cansados de estar muertos es una novela que habla de esa necesidad implícita en las palabras de los personajes solitarios. La barra de la cafetería del tanatorio, que no cierra a medianoche, cuando los bares  ya han despedido a sus últimos clientes, es el punto de partida para los nudos que unirán a un conjunto de extraños personajes cansados de estar muertos. 

La chispa se reaviva cuando el señor Fausto Urpí, coleccionista de ausencias y recuerdos, coincide con una cara conocida en la cafetería del tanatorio: en un principio piensa que se trata de Claudia, la mujer a la que amó en silencio desde el instituto y a la que escribió un sinfín de cartas que no obtuvieron respuesta, pero tras una primera toma de contacto con la muchacha descubre que es su hija Morgana, que ha venido a velar el cadáver de su madre. Morgana, con su olor a mandarinas, es estudiante de Matemáticas y guarda un pasado incómodo en su vida familiar que, junto con una película de Bertolucci, la unirá a Fausto. A su vez, alrededor de ambos giran las peripecias del comandante Aliguieri, poeta inmerso en la redacción de un canto épico sobre la historia desordenada del siglo XX, el celador Chopped con su perverso modo de mirar a los muertos y el rey Arturo, que espera la visita de la muerte en el edificio donde un doberman vigila cada movimiento de Fausto. En los entresijos de esta red se encuentran los motivos por los que todos ellos viven en soledad y necesitan en alguna ocasión la compañía de otra persona porque están cansados de vivir sin ganas.

La construcción de la novela es como una cascada de la que chorrean nuevas historias cada vez. Desde el primer encuentro entre Fausto y Morgana en el tanatorio, las vivencias de ambos dan lugar a la incorporación de nuevos compañeros y a la intervención de terceros en una trama que, sin dejar de ser cotidiana en todo lo que respecta a vivir la vida sin ambiciones y amarla aunque duela, resulta de lo más estrambótico, tanto que en ocasiones las situaciones relatadas despiertan la sonrisa del lector. Juan Bonilla sabe arrojar sobre la mesa al mismo tiempo las cartas del humor y las de los sentimientos más amargos del ser humano, con una destreza en la narración que, si bien peca de exceso de información en algunos pasajes, en otros convierte el lenguaje en un arma de doble filo que penetra en las entrañas con dos pinceladas poéticas y hace que uno le perdone cualquier exceso anterior.

La lectura de Cansados de estar muertos es una experiencia enriquecedora por varios motivos. En primer lugar, porque el elenco de personajes se presta a ello, dada su originalidad en el retrato de seres a primera vista despreciables. En segundo lugar, por el tempo de la trama, que se desarrolla a gran velocidad sin pasar por alto los detalles más concretos de los caracteres. Y por último, porque el hecho de dejar sobre el papel constancia de una serie de comportamientos de los que todos los seres humanos son capaces aunque no lo asuman es, en mi opinión, un acto de valentía. Motivos más que suficientes para enfrentarse a una novela que, en mi opinión, si algo no provoca es indiferencia.