domingo, 27 de octubre de 2013

Ernesto Sábato - El túnel (1948)

La obra novelística del argentino Ernesto Sábato, de gran éxito internacional y amplio reconocimiento por parte de la crítica, se reduce a tres títulos: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador, con un tema común, base de la filosofía del escritor. La obsesión por el mal, la crisis espiritual y moral del hombre en un tiempo de circunstancias difíciles, la desesperanza y la búsqueda de lo imposible componen la visión del mundo de Sábato. En su primera novela, para un sector de la crítica la más importante y mejor lograda, da cuenta de esta temática que reúne el combate entre el hombre íntegro y el universo abstracto, víctima de la infelicidad y del afán por buscar lo inalcanzable.

La historia de El túnel es la de un psicópata que asesina a su amante. Contada por su protagonista, el pintor Juan Pablo Castel, esta novela corta ofrece un estudio introspectivo con buenas dosis de esquizofrenia, un recorrido por la historia de amor frustrado entre el pintor y María Iribarne. El punto de partida es el momento en que durante una exposición de pintura la muchacha presta especial atención al cuadro de Castel titulado Maternidad, en el que retrata a una mujer que asiste a los juegos de su hijo mientras en una esquina superior de la pintura aparece una ventanita con una mujer mirando al mar. En ese cuadro se encuentran los motivos que generarán toda la trama, hasta el momento en que Castel asesina a su amante. El resultado es la búsqueda de una explicación a la situación actual del pintor, quien, sentado en su celda, recuerda cuáles fueron las circunstancias que lo condujeron a cometer el crimen.

Resulta sobresaliente la composición estructural de la novela: con forma de anillo, la trama termina igual que empieza, y en su desarrollo atiende a dos imágenes fundamentales, la de la ventana y la del túnel, que resumen los sentimientos de Juan Pablo Castel. Su amor hacia esa muchacha que muy pronto empieza a hacerle daño es un intento por volver a la infancia, retroceso en el que el protagonista recorre un camino en permanente oscuridad, en perpetua soledad, representado por el túnel. El túnel, símbolo de la angustia y la desesperanza, está compuesto de piedra con algunas secciones de vidrio, desde las que únicamente puede ver a su amada sin alcanzarla. Por último, el camino del túnel, que desemboca en un clímax de enfermedad y violencia, hacen del protagonista un infeliz. De esto se deduce que el hallazgo de la felicidad es una ardua labor que siempre termina en una desgracia, porque sólo la desesperanza y la soledad gobiernan el alma del hombre.

Una lectura más que recomendable, sin duda, pero para la que se necesita una visión desde fuera. Los razonamientos a los que se entrega Castel son contagiosos, porque lo mismo pueden interpretarse como una sátira social que cobran de pronto el carácter de una confesión íntima de las más bajas pasiones. Una novela redonda, de las que merece la pena contemplar y examinar como el detalle más ínfimo del cuadro ofrecido.