domingo, 3 de noviembre de 2013

Miguel Delibes - Las ratas (1962)

Si hay algo que define la obra de Miguel Delibes es, en su mayor parte, su mirada hacia la naturaleza y su atención al pueblo como personaje. La visión de Torrecillórigo, el ambiente en que se desenvuelve la trama de Las ratas (1962), representa un claro ejemplo de su estilo más logrado. Para algunos críticos, esta novela, ganadora del Premio de la Crítica en 1962, está compuesta de anécdotas banales que sólo consisten en relatar diferentes situaciones dentro de una sociedad pueblerina de Castilla, mientras que otro sector de la crítica opina, muy al contrario, que cada una de esas anécdotas forma una pequeña parte de lo que visto en conjunto representa una lucha entre el bien y el mal, un fresco donde los intereses del hombre, la pobreza en lucha contra la tiranía, la supervivencia y el progreso se entrecruzan y retroalimentan. 

La historia de Las ratas, en efecto, puede resumirse en la oposición de su protagonista a abandonar la cueva donde ha vivido siempre en aras de sumarse al «progreso» del país. Si bien todos los personajes gozan de importancia porque cada cual refleja una cara de un poliedro, este protagonista colectivo que es el pueblo tiene un eje central: el Nini, un niño que vive en una cueva apartada del pueblo con su padre, el tío Ratero, y que, con la compañía de su perra Fa, se dedica a cazar ratas para ganar su sustento alimenticio, luchando a su vez contra quienes hacen de la cacería un objeto de comercio. Hijo de una relación incestuosa, representado como un sabio porque, gracias a la observación del mundo, a su corta edad ya se ha convertido en un profundo conocedor de su tiempo y entorno, el Nini es como un Jesús entre los doctores porque todos en el pueblo acuden a él para preguntarle dudas sobre las cosechas, la caza, el santoral y toda clase de conocimientos.

En la tríada compuesta por el Nini, su perra Fa y su padre el tío Ratero destaca un rasgo fundamental: su arraigo, y con este su obcecación en no abandonar la cueva. Para el Nini, un niño de apenas once años, ceder la cueva para vivir en el pueblo supone sumarse al «progreso», que significa depender del dinero y, en consecuencia, un desarraigo. Si tenemos en cuenta que tanto él como su padre cazan ratas para sobrevivir, sin necesitar riquezas materiales, y que durante toda su vida han permanecido en el campo, puede interpretarse la novela como un menosprecio de corte y alabanza de aldea, en diálogo con la tradición literaria más remota. La oposición entre campo y ciudad se traduce en una lucha entre el bien y el mal, protagonizada por el niño que, en sus travesuras, evita con discreción que se cometan muchas de las injusticias de las que es capaz el ser humano. Pero el empeño nunca es suficiente y el destino se cierne sobre el hombre.

En suma, se trata de una obra de lectura muy ligera, con un fondo político importante sobre los años de la posguerra en un pueblo castellano. Una de las obras más reconocidas de Miguel Delibes, muestra indudable de que la literatura es inmortal.