sábado, 24 de abril de 2010

Cumpleaños

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

Ángel González, Cumpleaños.


Hoy cumplo un año más. Van veinte, según recuerdo. Y cuatro desde aquel libro de Enrique Ventura, y desde la primera traducción del latín —«nauta terram spectat»—, y desde muchas otras cosas. Parece que las arrugas acechan mi frente y mi cuello, pero no son los años, sino algo más que desconozco. ¿Será el sol que penetra a través de la ventana e incide sobre mi cabello desordenado o sobre los enredos de mi mesa? ¿Será la música o será el poema que cada 24 de abril —también desde hace cuatro años— leo, para consolarme quizás, o para saber tan sólo que «he vivido un año más, y eso es muy duro»? No lo sé. El caso es que sigo aquí, tras la pantalla y frente a la hoja ya rasgada, y que mientras suena de fondo el Andante de la sinfonía Oxford de Haydn, escribo con el regalo de mis padres, un bolígrafo elegante y plateado que acompañará mi libreta de Mozart por los siglos de los siglos.

¿Qué aporta la edad? ¿Experiencia, madurez o pérdida de tiempo? Un poco de todo, porque todos perdemos el tiempo alguna vez. No todos guardan determinadas experiencias ni gozan de madurez. Yo no me considero maduro ni experto: soy un niño, y más desde que conozco la literatura; y soy poco experto, tan sólo en la observación, en ver la vida como una historia más cargada de florituras e hipérboles. Porque eso es la vida y eso soy yo: una hipérbole. El sol me mira con cara extraña. O puede que ese raro gesto sea de la vecina. No estoy seguro. La música me confunde, me abstraigo y veo a Mozart donde antes estaba Haydn (¡ah, no! Si he cambiado de sinfonía). Ya no estoy seguro de nada. Bueno, sí: de que estoy vivo, y por eso confundo mis palabras, por eso me enfado con el sol porque me despeina y en tanto el viento me azota, como si amenazase con no volver a alumbrarme. Todo esto es un lío: las palabras engañan y por eso me gustan. Son tan amigas mías que a veces no quieren disfrutar de mi compañía.

Bebo un sorbo de agua. La última vez tenía diecinueve años. Cómo pasa el tiempo. Dentro de poco me saldrán canas, se me arrugarán los dedos y no podré tocar el piano, y no podré trazar más versos. Pero no me quejo: guardo recuerdos y tengo expectativas, muchos proyectos para el futuro, muy buenas intenciones y grandes amigos con intenciones mejores. Y una rubia de ojos verdes, preciosa, guardada en el hueco izquierdo de mi pecho. Y un montón de libros y ganas de leerlos.

Pero, sobre todo, tengo ganas de vivir en este mundo roto y de intentar —en vano— coser sus heridas. Aunque las mías sigan abiertas y sangren. Aunque el mundo no me lo agradezca. Porque he cumplido un año más y Ángel González, cuyos versos siguen tan vivos como él, también lo cumplió. Y también lloró por esto.


Jorge Andreu

8 comentarios:

madison dijo...

Jorge, deseo que tu dia sea de lo más agradable.
Qué aporta la edad? Vida y más vida; y la vida es maravillosa.
Un abrazo

Jorge Andreu dijo...

Cuánta razón tienes, Madison. Qué maravillosa es la vida. Llena de sinsentidos, de amarguras a veces, pero siempre llena de oportunidades para mejorar.

Otro abrazo para ti.

Jorge Andreu

Eva dijo...

Y que cumplas muchos más. Y si son con la rubia de ojos verdes, mejor.

Te quiero.

Jorge Andreu dijo...

Cumpliré muchos más junto a la "damisela de ojos verdes y rubio dorado corazón". Yo también te quiero. Gracias por leerme.

Jorge Andreu

Mª Teresa Sánchez Martín dijo...

¡Felicidades! Aunque sea con retraso. Deseo que se cumplan todos tus sueños. Eres un muchacho lleno de vida, de inteligencia y de ilusión. Hace falta gente como tú en la literatura, en la música, en el mundo.

Sigo leyendo tus escritos. Voy despacio porque no tengo mucho tiempo.

Saludos
Teresa

Jorge Andreu dijo...

Hola, Teresa. Gracias por tu felicitación. No te preocupes por el retraso. Me alegro mucho de que aún sigas por aquí y leas mis escritos aunque de manera más lenta: lo bueno se hace esperar, y a mí me gusta ver tus comentarios. Te animo a llegar hasta las entradas más actuales.

También hace falta gente como tú en este mundo, gente que sepa transmitir lo que tú nos prestas desde tus versos. Ojalá nos veamos en una firma de libros nuestros.

Un beso.

Jorge Andreu

h.j. dijo...

tengo que reconoce que para lo joven que sos tienes alma vieja, lo digo por la música que te gusta y por los escritores que te llegan...
qué bien!!

Jorge Andreu dijo...

Eso me dicen muchas veces. Pero si leer a Saramago y escuchar a Javier Krahe significa tener alma vieja... me alegro de tenerla.

Gracias por tu comentario.

Un saludo.

Jorge Andreu