miércoles, 2 de marzo de 2011

Memorias de Viena (IV)

MIÉRCOLES

(Camino de Salzburgo)


Viena es como un helado de nata:
derrite el corazón de quien la mira
y sabe a mermelada de caricias.


Aunque escribí estos versos en una servilleta durante la cena del lunes, después de ir al concierto de la filarmónica, lo que viví durante el miércoles se ajusta mucho más al contenido de esa estrofa. El miércoles hice la excursión más emocionante de mi vida: Salzburgo. A sabiendas de que una distancia importante nos separaba del albergue, habíamos aprovechado al máximo la noche del martes y decidimos dormir durante las tres horas de ida en el autobús. Yo lo intenté, pero apenas di una cabezada de media hora. Al poco tiempo me cambié de sitio para ocupar dos asientos libres y fotografiar el paisaje, que era verdaderamente hermoso. No obstante, mi propósito de fotografiar aquellas montañas se quedó en sólo eso, pues al ocupar el asiento y mirar al otro extremo del autobús, vi una imagen mucho más bonita cuyo retrato en verso no pude evitar: una chica a quien tomé cariño sin intercambiar una sola palabra. Casi estrené mi nueva libreta con aquel soneto, que os transcribo:

Retrato sobre la nieve

Es como un baño de ceniza ardiente
con tintes orientales de ternura
que al borde de una tímida figura
se imprime sobre un lienzo transparente;

como un papel de seda dulcemente
tatuado con la escarcha de la holgura,
como una delicada travesura
fraguada en lo sencillo y evidente.

Su rostro de perfil es el emblema
del tiempo que he tirado sin soñar,
sin ver que el mundo estaba en movimiento.

Quisiera comprender este teorema,
pues no sé por qué verla en el cristal
provoca en mí un extraño sentimiento.

Viena, camino de Salzburgo, 23 de febrero de 2011.

(Paisaje de camino a Salzburgo)

Al cabo de dos horas y media llegamos a un lugar mágico donde tomamos un café y descansamos unos minutos. Las instantáneas abundaron porque las vistas eran para celebrarlo de esa manera. Y poco después volvimos a partir hacia Salzburgo, adonde llegamos más o menos una hora después.

(El café de 4.75 euros)

(Con mi profe de piano en el mirador)

Bajamos del autobús y lo primero que hicimos fue visitar la Mozarteum, equivalente a los conservatorios de aquí, pero en una escala mayor: allí es una universidad y ofrecen pianos Steinway en las cabinas de estudio, además de gozar de un espectacular auditorio con unas vistas excelentes y de multitud de pasillos llenos de mesas y hermosura. Rayábamos el suelo con los dientes, como diría un amigo mío.

(En la Mozarteum con un profesor extraño de fondo)

(Envidiables vistas desde la terraza de la Mozarteum)

(En este auditorio jamás me atrevería a tocar, el paisaje me lo impediría)

Luego dimos un paseo por la ciudad: cruzamos el río por el puente, vimos la casa de Karajan, la catedral, el cementerio, algunas tiendas. Jamás he sentido con tanta intensidad la emoción de ver algo bonito: se me caían los lagrimones cada vez que entraba en una plaza distinta. Guardo bonitos recuerdos y fotos del momento.

De regreso a Viena, disfruté de una conversación de dos horas con una amiga y luego fuimos a cenar a un restaurante chino, donde uno de los compañeros se molestó en pedir en la misma lengua. Fue gracioso, pasamos un buen rato y a la vuelta no hubo mucho que decir. Sólo me quedaba recuperar en mi memoria las vivencias de aquellas preciosas imágenes que se han convertido en una parte importante de mis recuerdos. Me alegré, ¡entonces sí!, de no haber dejado pasar la oportunidad de apuntar mi nombre en la lista de inscritos al viaje.

6 comentarios:

Maya dijo...

¡Hola Jorge!

Muchas felicidades por el premio! ¡Qué envidia! Y ahora te leo de viaje. Viena suena precioso, debe ser una experiencia magnífica. ¡Abrazos!

Jorge Andreu dijo...

Hola, Maya.

Gracias, me hizo mucha ilusión ganar el premio. Aún no lo he recibido, por cierto, pero estará al llegar.

Lo de Viena fue una experiencia única, me ha cambiado la vida en unos sentidos, mientras que Grecia me la ha cambiado en otros. Anoche regresé de una semana en Grecia y ha sido magnífico. Quizás escriba algunas memorias sobre el viaje, aunque en un tono diferente, porque ha sido todo completamente distinto.

Un abrazo.

Jorge Andreu

Kondoshielos dijo...

Quiero ese café, now!


:)

Jorge Andreu dijo...

El café estaba delicioso, Sara. Te hubiese encantado. Algún día iremos todos juntos y lo probaremos.

Un beso.

Jorge Andreu

Vero dijo...

Has tenido que disfrutar muchísimo porque Viena y Salzburg son impresionantes. Ciudades tan bonitas y sugerentes...
Tú que haces piano valorarías más ir a la casa de Mozart. Besos

Jorge Andreu dijo...

El viaje ha sido una de esas experiencias que te cambian la vida, Vero. No sólo ese, sino también el de Grecia, del que aún no os he hablado. Me alegra verte de nuevo por aquí, a pesar de mi ausencia. Volveré pronto, te lo aseguro.

Jorge Andreu