jueves, 16 de febrero de 2012

Los fantasmas de mis ex novias y la importancia del fondo

Cómo una película con mala crítica puede resultar interesante

Lo que son las cosas. Recién publicada mi reseña sobre Charles Dickens y su Canción de Navidad, la semana pasada me encuentro en antena 3 la comedia estadounidense Los fantasmas de mis ex novias —que se emite esta noche en Neox—, dirigida por Mark Waters y protagonizada por Matthew McConaughey y con Michael Douglas en segundo plano, aunque en un papel no menos importante.

A primera vista, lo único que me interesaba de la película es que me serviría de evasión, como muchas otras de ese estilo, y que encontraba a un actor que me gusta mucho, Douglas, en un papel que creía protagonista. Sin embargo, nada más empezar, me encuentro algo más importante: su estructura. Dividida en cinco episodios, cuenta la historia de Connor Mead, un mujeriego que va a ayudar a su hermano con los preparativos de boda. Durante una fiesta, su difunto tío Wayne (Michael Douglas) se le aparece en los lavabos para anunciarle la visita de tres fantasmas, que lo conducirán por el pasado, el presente y el futuro de su vida para hacerle ver lo inapropiado de su comportamiento con las mujeres, con el objeto de cambiar su actitud para evitar un trágico final.

¿Acaso esta estructura no está calcada del libro de Dickens? Eso me sorprendió desde un principio. Pero más me sorprendió ver la actualización de ese cuento de Navidad: en el Dickens el mensaje se refería al comportamiento de un anciano con la gente que lo rodea (su familia y sus empleados); en cambio, de la gente que rodea a Connor, la familia es lo menos importante, puesto que son las chicas con las que ha mantenido relaciones lo central de su problema. Su afán de mujeriego lo ha llevado a convertirse en un macarra que utiliza a la mujer como un objeto, lo cual acarrearía que estropease la boda de su hermano, y ese comportamiento es lo que las tres damas espectrales pretenden cambiar.

Resulta interesante comprobar la similitud de los tres fantasmas con los retratados por el escritor victoriano. La primera es una chica habladora, campechana y graciosa. La segunda es más distante y se detiene menos en sus muestras. La tercera es, sin duda, la más conseguida: una mujer silenciosa y seria que lo mira con ojos penetrantes para inquietarlo más y causar en el protagonista el estremecimiento de ver su propio funeral. Además de estos tres fantasmas, también cabe destacar el papel del tío Wayne, parecido al de Jacob Marley en el cuento de Dickens: un fantasma que anuncia una prueba con otros tres fantasmas y que en origen ha ayudado al protagonista a ser quien es en la actualidad.

Con todo esto, una película que para buena parte de la crítica y del público cinéfilo puede resultar aburrida, se puede convertir, no en una obra de arte, pero sí en algo más interesante, aun ligero. Ideal para pasar una noche con palomitas y una cerveza, sin pretender una obra de culto.

Pero ¡cómo es el azar! Un Dickens me lleva a una comedia romántica. ¿Me conducirá hasta otra parte, como Anna Karénina con mis ansias por buscar en el fondo de las novelas de Zola? Esos libros son los que aún tienen vida. Y los que pueden hacer interesante a una película en un momento concreto. La diacronía del azar: un fantasma que te pilla en el lavabo.


Jorge Andreu