martes, 28 de diciembre de 2010

Viaje de vuelta. Santander-Cádiz

Oídos taponados.
Un murmullo de fondo.
Reflejo bajo un túnel. La montaña.
Cada palabra, un sorbo.
De gente rodeado, y sin embargo,
contemplo el mundo solo.

La vida se pasea en los cristales.
El campo emite chorros
de luz —linterna cálida del tiempo.

Me sabe amargo todo.
Hasta el triste bocado del cruasán
untado en mantequilla.
Todo.
Hasta el azúcar del café.

Añoro
la dulzura del claro sol poniente,
el mágico y sonoro
gemido que sopló tras de mi oreja,
el mar y aquel rocoso
escudo de hierbas, sal, poesía.
¡Cómo era tu viento! ¡De qué modo
me abrazaba por las noches!

…Rescoldos
de pájaros fugaces. Otro sorbo.
Un campo de amapolas.
Un circo. Un lecho. Un cable roto.
Girasoles cegados
por el humo de una fábrica. Lodo
entre los matorrales
de mi memoria. Mientras, en el fondo
resuenan los murmullos.
¿No cesará este acoso
que me deja impedidos
los dedos del alma?

…Ya falta poco,
los rayos ya se esconden
detrás de la montaña. Yo me escondo
detrás de mi merienda, entre el gentío
que ya se calla, como
guardan silencio los muertos del tren.
Estoy cansado. Soplo
las migas del cruasán, pago la cuenta
y me someto al hondo
desvarío de un recuerdo. Los campos
bañados de tarde, con esos chorros
de luz que ya se han ido.
Camareros. Periódicos.
Anuncia una garganta de altavoz
la próxima parada. Falta poco.


Escribo estas mentiras
ahora que el ruido se filtra, rojo
como el fucilazo de mi mirada.
Y lentamente noto
que hasta las camareras ya me dejan
mirando el mundo. Solo.

6 comentarios:

Isabel Martínez Barquero dijo...

Qué emoción más sublime y qué placer ha sido leerte, querido Jorge. He disfrutado con ganas esos versos magníficos.
Porque es un poema precioso de principio a fin, sin desperdicio, impregnado de una nostalgia sutil y embriagadora, como si acariciara el alma un pañuelo de seda.
Son imágenes hechas metáforas ("la vida se pasea en los cristales"), reflexiones (los dos versos inmediatamente anteriores al citado), mezcla de recuerdos inmediatos y vivencias presentes.
Muy hermoso.

Felices días. éstos, los del año que viene y todos los del resto de tu vida.

Besos.

Jorge Andreu dijo...

Isabel, me emociona tu comentario. ¿Sabes cómo me he sentido después de terminar este poema que empecé en el viaje de vuelta? Limpio. Como si hubiese liberado el peso que llevaba sobre mis hombros, como el poeta al que fui a estudiar en Santander. Y estaba extasiado mientras tomaba aquel café con el cruasán mirando el paisaje. Ahí fue donde pude ver el cambio del norte al sur: de lo verde a lo amarillo. Y entonces comprendí que quería pasar más días junto al verde.

Un fuerte abrazo. Te deseo a ti también felices fiestas y una bonita entrada de año. Dentro de tres noches brindaré a tu salud.

Jorge Andreu

Gilda dijo...

Precioso poema, estoy disfrutando mucho leyendo tu blog.
¡Enhorabuena!

Jorge Andreu dijo...

Gracias, Gilda. Me alegro de que te guste este rinconcito del mundo. Eres bien recibida.

Un beso.

Jorge Andreu

Navegante dijo...

Ha sido una de las mejores cosas que he leído en mucho tiempo, realmente me ha emocionado tu forma de escribir. Yo también escribo algo de poesía, pero solo soy un mero aficionado comparado con lo que te he leído.
Me agradaría muchísimo que me dieras tu opinión sobre lo que hago. Estudio Bellas Artes y tengo dos blogs, uno lo comparto con el instituto y es (http://confesionsdepapel.blogspot.com/)
Escribo en el como "Navegante".
En el otro blog publico mucho más material humorístico y dibujos y es (http://paranoiasdeunamentedesquiciada.blogspot.com/)
Valoraría mucho tu opinión de verdad.

Jorge Andreu dijo...

Hola, Navegante. Agradezco tu visita a este blog. Me siento muy halagado por tu opinión y me alegra mucho que estés a gusto entre estos versos. Pasaré por tu blog y te dejaré algún comentario con mi opinión.

Un saludo, y espero verte por aquí de nuevo.

Jorge Andreu