martes, 17 de julio de 2012

Gerardo Olivares - Entrelobos

Desde que oí la entrevista que Jesús Vigorra hizo a Gerardo Olivares y al recién presentado Manuel Camacho con motivo del estreno de Entrelobos, sentí curiosidad por la película, y al verla sólo me arrepiento de una cosa: de no haber ido al cine en su momento, porque los paisajes hubiesen valido la entrada para verlos en pantalla grande.

Entre lobos es la historia —basada en un hecho real— de Marcos Rodríguez Pantoja, un niño de siete años que su padre vendió a un cabrero de Sierra Morena y que sobrevivió gracias a los lobos. Un argumento sin más complicaciones que las del aprendizaje de la montaña. Y sin embargo, una tierna experiencia de crecimiento junto a la naturaleza.

Para mi gusto hay algunos aspectos muy destacables. Por una parte, los personajes permanecen en silencio o pronuncian quejidos durante casi toda la película, lo cual podría llegar a aburrir, pero las secuencias están dispuestas de tal manera que a lo largo de la mayoría hay sucesos importantes. Esta técnica aporta mucho valor porque acerca una película reciente a los tiempos más primitivos del cinematógrafo: las películas mudas. 

Me parece muy característico el lenguaje de los personajes, propio de la sierra cerrada y con el dejillo del campo. Un rasgo que, por cierto, no saben interpretar algunos actores del reparto, dada la incapacidad de muchos para la aspiración de la jota. 

Por otro lado, el hecho de basar la historia en un hecho real, y así lo prueba la aparición del personaje inspirador del argumento como colofón —no revelo nada importante al decirlo—, hace que me haya atraído más, pues por mi mente siempre ronda una pregunta: ¿cómo hacer que una historia real se convierta en ficción sin exagerar los momentos más propensos a la exageración por la que siente debilidad el artista?

La intervención de Juan José Ballesta en la interpretación del joven Marcos al final, aunque dure poco tiempo, aporta una fuerza muy significativa a la película: refleja en quién se ha convertido el niño que aprendió a comunicarse con los lobos y a no necesitar a la sociedad para vivir feliz. 

Por último, la banda sonora, la interpretación de Manuel Camacho, la ambientación y, sobre todo, el trabajo con los animales y las cámaras, junto con los expuestos más arriba, creo que son motivos más que suficientes para ver la película. Os la recomiendo, no tiene desperdicio.