sábado, 3 de agosto de 2013

Billy Wilder - El apartamento (1960)

En el fondo, hay muchas razones para reconciliarse con el género humano, y a veces la programación de los jueves por la noche, en Los Clásicos de la 1, nos ayuda a darnos cuenta. La otra noche dieron en televisión El apartamento (1960), una «comedia trágica» considerada como la obra maestra de Billy Wilder y ganadora de 5 Oscars. La protagonizan un excelente Jack Lemmon y una encantadora Shirley MacLaine que a lo largo de estas dos horas hacen reír, pensar e incluso emocionan sin permitirnos un descanso. 

C. C. Baxter trabaja en una empresa de seguros y tiene una vida sencilla con un problema muy particular: vive de alquiler en un apartamento y, a cambio de un ascenso laboral, se ve obligado a cederlo a sus superiores para sus citas extramatrimoniales. Pero un día se complica la situación al enamorarse de una ascensorista que es, a su vez, amante del dueño de la empresa. Llegado ese momento, la comicidad pasa a segundo plano durante buena parte de la cinta para iniciar un dilema entre el deber y los sentimientos que es el núcleo del conflicto.

Billy Wilder atribuye la voz narrativa al protagonista, que se presenta como un oficinista corriente con un pequeño problema —que cuenta como algo anecdótico— y que en el curso de la historia se mostrará como un títere del poder. Con una narración lineal el argumento ofrece al espectador, en primer lugar, un perfil de los huéspedes espontáneos que hacen uso del apartamento, todos situados en la empresa por encima de Baxter, para contrastar con el protagonista, que cede a los chantajes de su jefe porque ve que el ascenso por fin llega y lo transporta a cargos cada vez más importantes. Pero el choque con su jefe al descubrir que la guapísima Fran es su amante incide en el carácter de Baxter y provoca un cambio de tono en la acción, que desde ese momento se ralentiza y se detiene en los pormenores de la, primero, incómoda, luego crítica situación en ese triángulo de amor, desamor y sumisión.

La película nos abre un abanico de asuntos sobre los que reflexionar: desde el chantaje de los jefes hacia sus empleados hasta la falta de escrúpulos de los empresarios más poderosos para con sus amantes, a las que al margen del matrimonio encandilan con falsas promesas y juegos de seducción. El tratamiento de la mujer como un objeto también es un tema relevante de esta historia: todas las mujeres que aparecen en escena mantienen relaciones con los superiores de Baxter y todas son atendidas sólo en el apartamento para evitar problemas en los respectivos matrimonios con otras mujeres, probablemente malcasadas. Y por último, un tema de un crudo realismo que trasciende la línea del tiempo —pensemos que la película es de 1960 y, de pura inmortalidad, puede aplicarse a los años que corren—: las consecuencias de enfrentarse a la tiranía, decisivas para el final. Desenlace, por cierto, con una guinda memorable para el pastel que, pese a todo, nos arranca una última sonrisa.

En suma, El apartamento es una obra maestra que no ha perdido con los años más que la calidad del sonido y que recomiendo a quien no la conociera de antes o, como yo, sólo de oídas. Uno de esos motivos por los que atender a la televisión los jueves por la noche.

Jorge Andreu