domingo, 1 de diciembre de 2013

Blas Matamoro - Thomas Mann y la música (2009)

En el año 2009, la editorial Ediciones Singulares desarrolló un proyecto interesantísimo sobre la relación de algunos grandes escritores con la música. El estudio de la música en sus vidas y en su obra ayudaría a esclarecer algunos asuntos que escapaban en la lectura o que el lector más atento reconocía de manera acaso superficial. La colección, que incluye ensayos sobre Goethe, Proust, Tolstói, Thomas Mann, Shakespeare o Dante, firmados por escritores de renombre en el panorama de la literatura actual, cuenta con sendos CD donde encontramos algunas de las obras citadas a lo largo del texto. 

El ensayo firmado por Blas Matamoro y con un prólogo de Fernando Aramburu, dedicado a la figura de Thomas Mann, es un recorrido imprescindible para la comprensión de la obra del gran novelista que fue premio Nobel de Literatura y que es hoy uno de los autores más populares de la literatura germana. Nacido en Lübeck en 1875, Mann fue músico antes que escritor: se sabe que alguna vez tocó el violín cuando aún era un niño y, gracias al magisterio de su madre, aprendió a tocar el piano. Con especial obsesión por la obra de Wagner, relacionado con músicos de la talla de Richard Strauss, Hans Pfitzner, el director Bruno Walter o Arnold Schönberg, relaciones todas de extrema importancia en lo que respecta a su obra literaria, Thomas Mann siempre pensó sus novelas y relatos como si formaran parte del mundo de la música, hasta el punto de considerar La montaña mágica, una de sus novelas cumbre y la más conocida de todas, como una partitura. La novela es, para Mann, un ejercicio de contrapunto, variaciones, motivos, formas musicales que se desarrollan en relaciones de tensión y resolución armónica. Al mismo tiempo, sus personajes descubren su propia personalidad en la música: recordemos el estremecedor pasaje de la citada novela en que su protagonista se encierra junto a una gramola y escucha algunas piezas clave que describe como un proceso de autodescubrimiento.

Sin embargo, pese a que la música ya está presente en su primera novela, Los Buddenbrook, es en uno de los mejores títulos de su madurez donde la música se convierte en protagonista absoluta de la obra. Hablamos del Doctor Faustus, cuyo personaje principal es un compositor que tras un pacto con el Diablo logra la excelsitud compositiva en una pieza dodecafónica. La música será la enfermedad, el medio de vida y de muerte para el protagonista de esta novela: desde su estructura de sinfonía hasta la descripción de la vida conocida sólo a través de la música, el Doctor Faustus lleva la concepción novelística de Thomas Mann hasta su último extremo.

El ensayo de Blas Matamoro establece, asimismo, un orden cronológico de la vida del novelista alemán: sus relaciones con músicos aparecen entreveradas junto a otros pormenores biográficos como los suicidios, los problemas con la política y el exilio. Por último, una vez trazada la línea biográfica, un último capítulo bastante esclarecedor recorre todas aquellas obras en las que la música está presente, de manera más o menos profunda, centrando su atención en las tres grandes novelas, ya citadas, del Nobel alemán. Todo ello escrito con una pulcritud y una claridad elogiables que hacen de esta lectura un descubrimiento que abre el apetito para volver una vez más a la obra de uno de los grandes genios de la literatura universal.

Por si fuera poco, las piezas que incluye el CD, desde Strauss y Schubert, pasando por Wagner y Mahler hasta Schönberg, una colección de ocho fragmentos cuya audición resulta estremecedora. Un punto más a favor de recomendar esta delicatesen que en pocas páginas convence al lector de la importancia de conocer la música junto con la literatura, hermanas inseparables, al fin y al cabo.