lunes, 23 de diciembre de 2013

Sergi Pàmies - Si te comes un limón sin hacer muecas (2006)

A menudo los pequeños placeres esconden grandes emociones. Son un iceberg que esconde nueve décimas partes de su volumen, del que sólo vemos la punta y ni siquiera intuimos hasta dónde alcanza su profundidad. Cada uno de los veinte cuentos que componen este libro forma esa mole de la que ni siquiera imaginamos el fondo. Sergi Pàmies retrata a una serie de personajes cotidianos en situaciones aún más cotidianas, pasadas por lo extraño de la ficción, a los que pilla por sorpresa un elemento que dispara las vivencias más particulares. 

Si te comes un limón sin hacer muecas está lleno de sabores agrios que al mismo tiempo refrescan: por ejemplo, que un hombre descubra la agria verdad de su existencia justo después de morir, cuando la visión de sus seres queridos, felices tras su despedida, le refresca una especie de sentimiento de culpa; por ejemplo, un viaje iniciático, de crecimiento, en el que un padre somete a su hijo en el formidable cuento «La excursión». Escenas todas cargadas de una intensidad que sólo el mejor cuentista sabe aplicar a estas pequeñas muestras de un arte insuperable.

Entre los veinte textos que componen un libro breve pero interminable, según dicta Enrique Vila-Matas en su prólogo, me quedaría personalmente con «Ficción», quizá el más abstracto y, tal vez por eso, uno de los más logrados. Un cuento en el que no pasa nada extraordinario, compuesto a base de negaciones, que retrata a un personaje cualquiera convertido en ficción por el proceso de escritura. Magistral demostración de una maestría inigualable, este cuento representa un todo del que se da cuenta únicamente a partir de sus fragmentos. Una obra de arte.

Cada lector sentirá más apego hacia uno u otro cuento, desde luego sin despreciar los otros, porque cada uno aporta una semilla de la que crece, a base de la imaginación del escritor y en contacto con la recepción, un mundo completo, habitable por personajes y personas reales, lleno de vivencias particulares que a partir de la narración se convierten en extraordinarias. Literatura en estado puro y en pequeñas pero intensísimas dosis. Un libro, por supuesto, de los que conviene releer una y otra vez hasta extraer el último jugo de ese limón, sin hacer muecas para que los deseos se hagan realidad.